Supongo que ya tengo fuerzas para recordar, aunque no debería.
Esas largas y oscuras noches en las que me retorcia, intentando escapar del dolor que me producías.
Esos instantes en los que me acurrucaba e intentaba hacerme pequeña, para que mi dolor también fuera más pequeño.
Esas lágrimas en mi almohada y el maquillaje corrido.
Palabras que nunca me atreví a decir.
Las costillas aprisionando mi corazón, el acelerado ritmo de este, y sus grietas contadas.
Y como cuando tiras una piedra a un estanque, los reflejos de este dolor vuelven después de tanto tiempo.